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Gestión Cultural

En los últimos años, en la región Centroamérica, la gestión cultural ha experimentado un cambio de paradigma debido a la evolución de las demandas sociales y las necesidades culturales de la población que busca expresar y experimentar su diversidad cultural. En este sentido, el concepto de gestión cultural se refiere a las estrategias que consisten en planificar, organizar, monitorear y liderar procesos culturales en una comunidad y en un contexto dado.

La gestión cultural se define en primera instancia por su transversalidad, dado que las iniciativas/bienes culturales son de diferentes índoles y se implementan en diversidad de contextos. Se trata tanto de mejorar las infraestructuras culturales y de potenciar a los artistas, como de capacitar a la comunidad y de crear nuevos públicos. Un segundo rasgo característico de la gestión cultural tiene que ver con su arraigamiento local. La comunidad es el punto de inicio y de llegada de los procesos de gestión. En ella se crea un puente entre las herencias del pasado y la creatividad contemporánea para la activación de la vida cultural local. De este modo el objetivo primordial de la gestión cultural es el bienestar de la comunidad, país o región.

A nivel local la gestión cultural adquiere mayor visibilidad y por tanto, es indispensable, ya que las poblaciones pueden identificar sus problemáticas y diseñar propuestas acordes con sus propias visiones de bienestar social. Asimismo, se concretiza la relación entre democracia, cultura y desarrollo sostenible.

En materia de gestión cultural los países centroamericanos siguen enfrentándose a obstáculos como carencias de marco legal, de fondos y de formación de los actores sociales, causados por la falta de reconocimiento del valor agregado de la cultura al desarrollo. En consecuencia, el peligro mayor para la región reside en un fenómeno de perdida, hasta de negación, de la identidad cultural comunitaria.

Para responder a estos desafíos, es necesario proponer programas de gestión cultural regidos por cuatro dimensiones. La primera de ellas es la dimensión operacional; se deben llevar a cabo proyectos que generen sinergias entre los sectores, que recurran a varias fuentes de financiamiento y movilicen técnicas de comunicación y marketing. La segunda, la dimensión social; son prioritarias las intervenciones respecto a la participación ciudadana, a la inclusión social, a la capacitación formal de profesionales y de los grupos comunitarios. Además, la gestión requiere tomar en cuenta una dimensión ética, para garantizar una práctica efectiva de los derechos y deberes culturales. En cuarto lugar, se plantea una dimensión política, en la medida en que la finalidad de la gestión cultural sea el mejoramiento del bienestar común. La continuidad de los proyectos implementados depende también de una visión de medio y largo plazo. Por ello, la gestión está sumamente vinculada con la creación de políticas culturales que establezcan un marco favorable para impulsar y valorar el trabajo del gestor cultural.

En la región centroamericana, se debe considerar como prioridad la profesionalización de los recursos humanos en el ámbito cultural. Los gestores, voluntarios, artistas, responsables institucionales y emprendedores privados son el motor del proceso virtuoso que nace de la alianza entre cultura y desarrollo sostenible. Por consiguiente, el reconocimiento y el apoyo oficial a los agentes culturales favorecen la creación de redes locales, nacionales y regionales de gestores, con el fin de que las poblaciones centroamericanas se sientan identificadas con su diversidad cultural. Así, la gestión parte de un enfoque local para lograr un alcance regional.
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Artesanía. Nicaragua. Por Raul Davis.

Programa Conjunto Creatividad e Identidad Cultural para el Desarrollo

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